Cómo ayudar al niño a desarrollar el sentido del gusto

Los padres tenemos la tarea y la obligación de dar una alimentación sana, equilibrada y variada a nuestros hijos, al tiempo que debemos ir creando nuevos menús adaptados al avance de la edad de los niños.

En muchas ocasiones, nos vemos acompañados en esta simple, aunque no sencilla, tarea por los dietistas de las empresas de catering que confeccionan los menús semanales que comerán nuestros pequeños en los comedores escolares. Si nos fijamos en los mismos, veremos cómo alternan los distintos alimentos para mantener siempre una dieta equilibrada entre verduras, proteínas, hidratos de carbono y frutas.

Las 4 claves para que los niños desarrollen el sentido del gusto son las siguientes.

La paciencia: lógicamente, la paciencia de los padres. Es habitual que las primeras veces que los niños prueban alimentos nuevos tiendan a rechazarlos. Debemos seguir insistiendo a lo largo de los días con esos alimentos cocinados de la misma manera, hasta que se acostumbren su gusto y textura. Tengamos en cuenta que la introducción paulatina de nuevos alimentos provocará que, frecuentemente, se repita el círculo rechazo – aceptación.

Compartir: en muchas ocasiones los niños nos ven probar alimentos o platos distintos a los suyos y nos solicitan probarlos. No tengamos ninguna reticencia a ofrecerles una pequeña ración para que la prueben. Con ello, su paladar irá acostumbrándose a sabores distintos: salados, picantes, amargos, ácidos…

La adquisición del habla: al mismo tiempo que el niños adquiere el gusto por los distintos alimentos, debemos ir explicándole sus particularidades: si es amargo, dulce, salado, crujiente, duro… para enriquecer su vocabulario y que pueda describirlos.

Así mismo, es importante que nos entiendan cuando les expliquemos que un determinado alimento que no quieren probar tiene un gusto parecido a otro que sí les gusta.

La variedad de productos: es importante que ofrezcamos en nuestros menús, a lo largo de los días, una variedad importante de ingredientes, sobretodo cuando los niños son pequeños. Es el momento para que entiendan que es habitual que exista una diversidad importante de comidas. Con ello evitaremos que, en su adolescencia, se produzcan situaciones de rechazo habituales hacia las verduras, ensaladas o, incluso, hacia la fruta.