¿Por qué no comen los niños?

Seguro que a menudo tú también estás intranquilo/a porque tu hijo no quiere comer; pero no te preocupes, es algo muy habitual en todos los padres cuando sus hijos tienen cierta edad. Es más, suele ser uno de los principales motivos por los que visitáis al pediatra. Sin embargo, es muy común encontrar niños que comen mal, que comen muy poco, demasiado lento o que hacen un número muy pequeño de comidas y esto no quiere decir que el niño tenga un problema. Incluso podríamos destacar que pueden tener un desarrollo físico normal y no tiene por qué verse alterado a su peso.

Antes de relacionar el no querer comer de tu hijo con un problema debes tener en cuenta ciertos aspectos que a veces se pasan por alto, al fin y al cabo no estás dentro de la mente de tu hijo y no sabes todos los estados por los que pasa. Dicho esto, nos gustaría explicarte el motivo por el que llega un momento en el que los niños no quieren comer o comen en menor cantidad.

Hay un estudio, de la nutricionista Alicia Cleves Huergo (directora del centro de nutrición y medicina CINUMED) que explica que hay etapas en las que la tasa de crecimiento de los niños es más lenta. Esta etapa suele llegar durante la segunda mitad del primer año de vida y es en ese momento en el que los padres soléis apreciar que vuestro hijo no aumenta tanto de peso, ni de estatura, pues la velocidad de crecimiento es menor. Como consecuencia de esta realidad, la alimentación de los pequeños se ve afectada: si un niño tiene un crecimiento más lento no le hacen falta tantos nutrientes para crecer y es por ello que de repente le disminuye el apetito.

Aunque ese es uno de los motivos fundamentales también hay otros que explican este comportamiento: las inquietudes. Piensa que cuando llegan al año, entre los 18 y los 36 meses, empiezan a desarrollarse, a caminar, a descubrir y a explorar mucho más que anteriormente y esto en su mente es una prioridad. La alimentación pasa a un segundo plano y el hecho de descubrir cobra protagonismo.

Pero no solamente eso, la sensibilidad a la comida llega a ellos. Debes ser consciente de que hay muchos sabores a los que no están acostumbrados: sabores, texturas, olores… Y es crucial tener en cuenta que un sabor fuerte o una textura que no les agrade les puede producir un rechazo continuo. En este caso hacer recetas suaves es muy importante.

No podemos olvidar que también es muy relevante vuestra labor y el crear ciertos hábitos en ellos:

  • Cuando una textura o un sabor no le guste, no te preocupes. Otro día se lo vuelves a dar hasta que se acostumbre a esa comida. No es cuestión de repetirle el alimento hasta la saciedad pero mientras más lo consuma antes se acostumbrará a él.
  • Crea un horario de comidas y no le des alimentos que no le aporten ningún valor nutricional entre horas.
  • No le obligues o le fuerces a comer algo y tampoco le premies de forma material por hacerlo.